domingo, 27 de septiembre de 2015

Pedro Téllez-Girón, príncipe de Anglona (21)



(Eros y Psique, o Psique revivida por el beso de Eros, de
Antonio Canova. Imagen tomada de musee.louvre.fr)



El 19 de noviembre de 1819 abría sus puertas el Real Museo de Pintura. Aquel importante logro cultural había sido fruto de varios hechos anteriores: la formación, gracias a un proceso de varios siglos, y dentro de la Casa Real, de una de las más importantes colecciones de arte del mundo; la creación del Museo del Louvre (1793); el intento de José I de realizar algo parecido en Madrid (1809) y, por último, la voluntad de una mujer, María Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII desde 1816. María Isabel convenció a su marido para que reuniera la colección, dispersa por los distintos palacios, y permitiera su contemplación pública. Además, el Rey dedicaría de su "propio" dinero 24.000 reales mensuales a la reparación del edificio donde iba a exponerse, muy dañado por guerras y expolios y necesitado de una inversión de 7.000.000 de reales. (Pedro de Madrazo, Catálogo de los cuadros del Real Museo de Pintura y Escultura de S.M. (Madrid, 1843; pág. VIII). Desgraciadamente, aquella muchacha joven, sensible y creativa, la principal responsable de la existencia del Museo del Prado, denominación que la pinacoteca recibiría con posterioridad, murió de parto dos años después de su matrimonio y no vería abiertas sus puertas.
            Para el cargo de director había resultado elegido un cuñado de Anglona, José Gabriel de Silva-Bazán y Waldstein, marqués de Santa Cruz, aquel que casara con Joaquina Téllez-Girón en 1801. El Pronunciamiento de Riego en las Cabezas de San Juan tuvo como lógica consecuencia el cambio de puestos en la administración, entre ellos el ocupado por Santa Cruz, cargo para el que fue designado el 9 de abril de 1820 nada menos que nuestro protagonista. Durante su gestión al frente del Museo (1820-1823), el número de obras expuestas pasó de las 311 iniciales a 512, número que en la actualidad, septiembre de 2015, y según puede leerse en museodelprado.es, asciende a algo más de 1.300, aunque el número total de obras propiedad del Museo sea de 21.600 sumados pinturas, escultura, estampas y dibujos: las limitaciones espaciales y los criterios expositivos actuales, partidarios de dejar mucho mayor espacio en los muros entre obra y obra, son los responsables de este estado de cosas. En cualquier caso, a la vista de la forma en que se exponían las obras en los comienzos del museo, creo que no se pueden dejar de aplaudir esos cambios de criterio.


(Imagen del Museo del Prado tomada alrededor
de 1860 por J. Laurent y Cía. www.museodelprado.es) 



La apertura del museo fue una decisión ciertamente democratizante y liberal, poco acorde con una monarquía como la de Fernando VII durante el Sexenio Absolutista. Hasta entonces, pocas y privilegiadas eran las personas que habían podido contemplar los cuadros. Algunas, sin embargo, habían llegado a poseer reproducciones de ellos. Tal era el caso de los Silva-Bazán, Téllez-Girón y Álvarez de Toledo, como demuestra este documento que hemos localizado en la sección Documentos del archivo de Rodríguez Marín del Archivo Municipal de Osuna, exactamente el referenciado con los números 516-61, y cuya ficha, copiada a la letra, es como sigue: “Oficio del Conde de Floridablanca al Marqués de Santa Cruz y á los Duques de Osuna y de Alba autorizando para formar una colección de estampas que representen los cuadros de la Galería de Palacio = San Lorenzo, 16 de noviembre de 1789 = Hay algún otro papel relacionado con dicho particular”.  
Sin duda, y razones políticas aparte, la elección para el puesto de Pedro de Alcántara Téllez-Girón fue acertada por su educación y su sensibilidad artística, un componente de su personalidad que tendrá gran protagonismo a lo largo de su vida.  En la página 7 de la Biografía del Excmo. Sr. D. Pedro Tellez Girón, Principe de Anglona (Madrid, 1851) redactada por el Marqués de Miraflores, obra a la que ya nos hemos referido en diversas ocasiones, en relación al servicio de armas que Anglona realizó en Italia desde 1801 a 1807, el autor escribe que fue allí donde se enamoró de las artes, “á las que desde entonces dedicó toda su afición con el caluroso entusiasmo propio de la juventud y de su alma fuego”. El mismo autor recoge su estancia en Pisa, Venecia, Roma y su asidua presencia en talleres de artistas de la talla de Antonio Cánova (1757-1822), el conocido escultor de Paulina Borghese o de Eros y Psique. Una vez en el cargo de director del nuevo Museo, Anglona, en una línea muy propia de un Grande de España y de un Osuna, dedicó de su bolsillo exactamente la misma cantidad que el rey Fernando al mantenimiento de la pinacoteca: 24.000 reales mensuales. (Enciclopedia Espasa, ed. de 1928; entrada TÉLLEZ GIRÓN Y PIMENTEL, PEDRO DE ALCÁNTARA). Por la parte real, dicho cantidad provenía del “bolsillo secreto” del monarca.
En cuanto a la documentación que pueda existir en los archivos sobre el periodo de  dirección de Anglona, los servicios de “Biblioteca, Archivo y Documentación” del Museo del Prado se encuentran, desde el año 2009, ubicados en el Casón del Buen Retiro, cuya fachada este mira a la entrada principal del Parque del Retiro, en la calle Alfonso XII. Los interesados en ampliar los conocimientos sobre la vida de Anglona deben saber que en dicho archivo se encuentran apenas seis unidades documentales referidas a él, y sólo una de ellas pertenece a su época de director. Según parece, el grueso de la documentación del Museo durante la época inicial se encuentra depositado en el Archivo General de Palacio, en el Palacio de Oriente mismo, depósito documental que espero poder visitar dentro de no mucho tiempo. En cuanto a los documentos que he localizado en el Casón del Buen Retiro —cuyo personal me atendió con gran amabilidad a pesar de encontrarse sobrecargado de trabajo—, cinco de ellos son cartas provenientes del legado que realizó la familia Madrazo, muy relacionada de siempre con el Prado. Dicho legado, según tengo entendido, consiste principalmente en cartas intercambiadas por Federico de Madrazo y Kuntz, director del Prado entre 1860 y 1868 y prolífico escritor epistolar, con distintos personajes de la época, entre los cuales se encuentran tanto el Príncipe de Anglona como María del Rosario Fernández de Santillán y Valdivia, su viuda. Para terminar la entrega de hoy, paso a copiarles el contenido de la carta remitida a Federico por esta última, documento que aparece sin fecha pero debe ser datado entre 1851, año del fallecimiento de Anglona, y 1857, año de la muerte de María del Rosario. Dicho documento se encuentra en el Archivo del Museo del Prado referenciado con la signatura AP: 11/Nº Exp. 37.

“Sr Dn Federico Madrazo:
Mui Sr mio: envio á Vm 6 litografias del excelente retrato qe tubo la complacencia de hacer de mi Marido, Q.E.P.D., y ahora espero me hará Vm el fabor de admitir esa pequeña memoria qe le he traído de Londres.
Su mui afecta Servidora
Q.B.S.M.
La Psa de Anglona”.

            El retrato al que se refiere la princesa de Anglona había sido realizado en 1850. Espero conseguir alguna vez una buena fotografía del mismo. Por ahora sólo puedo compartir con el lector la imagen de una de sus litografías, publicada por Joaquín Ezquerra del Bayo en su obra Retratos de la familia Téllez-Girón. Novenos duques de Osuna (Madrid,1934; Lám. LI). Quizá habría que buscar en la documentación conservada en el Museo del Romanticismo de Madrid, donde existen varios retratos de miembros de la familia Téllez-Girón: los archivos contienen auténticas joyas por descubrir.

(El príncipe de Anglona, Federico de 
Madrazo, 1850).


(Continuará).

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