sábado, 10 de junio de 2017

«El pianista», de Manuel Vázquez Montalbán





VÁZQUEZ MONTALBÁN, Manuel, El pianista, (ed. de José Colmeiro); Madrid, Cátedra, 2017; 467 págs.  

          
La novela El pianista consiste en el relato de tres momentos de la vida del músico Albert Rosell: el 3 de junio de 1984, una tarde de abril de 1946 y los días anteriores al 18 de julio de 1936. La acción de los dos primeros transcurre en Barcelona y la correspondiente al tercero principalmente en París. La narración, como ya habrán supuesto, se produce de forma inversa, empezando por el final. La figura de Rosell, en principio muy desdibujada, va cobrando fuerza y acaba llenándolo todo. Se nos hace amable, muy querible, ese hombre tan humilde y bien intencionado, entregado a su arte pero también a las personas que ama.
            Las tres partes de la novela tienen en común a tres personajes: Teresa, una persona de espíritu inquieto y gran generosidad; Luis Doria, un individuo egocéntrico y arribista, vendedor de sí mismo, que se nos hace antipático desde el primer momento y acaba mostrándose moralmente deleznable; y nuestro amigo Albert, un gorrión perfecto, de los que no hablan por no molestar, un personaje que parece inspirado en ciertos rasgos de las biografías de los padres de Vázquez Montalbán y del autor mismo .
            En toda la novela los diálogos tienen gran importancia y brillantez, casi tanto como en García Hortelano. Son ágiles, casi sin acotaciones.
Los personajes de la primera parte son habitantes de Barcelona que salen de copas una noche de verano. La acción comienza en un apartamento en el que una mujer intenta cuidar de las dolencias de su pareja y acaba unas horas más tarde en otro apartamento y en una situación similar aunque con personajes distintos y dolencias más graves. En las horas transcurridas los personajes han acudido a distintos locales nocturnos en la zona más o menos baja de las Ramblas, lugares de moda para la intelectualidad de aquellos años. Entre las personas con las que se relacionan aparecen algunas perfectamente reales.
            La acción de la segunda parte, la de la Posguerra, debe ser la más autobiográfica de todas. En ella aparece un niño de la edad aproximada de Vázquez Montalbán (1939-2003) en 1946. Todo sucede en terrados de las casas de la zona de la plaza del Pedró (barrio del Raval), exactamente el lugar donde nació y pasó su infancia el autor. Es la que más me ha gustado, la más festiva a pesar de la situación por la que pasaba todo el vecindario, de personas represaliadas. Quizá por eso, por ser conscientes de estar viviendo en un país hambriento y falto de libertad, todos hacían esfuerzos para que los motivos de alegría no faltaran nunca. La excursión que realiza aquel grupo tan vital a la búsqueda de un piano por los terrados de las casas vecinas es realmente antológica, y también lo es su final.
            Y llegamos a la última. La acción, como ya he dicho, transcurre en París, el París frentepopulista del 36, aquel en el que la música de los compositores españoles estaba tan de moda, con aquella inolvidable y siempre viva —aún viva— Sala Gaveau, y donde personajes como Picasso y Erik Satie, autor de las descacharrantes Memorias de un amnésico, se habían unido para trabajar en un ballet. Las páginas de esta última parte resultan valiosas para los interesados en conocer algo del mundo cultural del París de entreguerras, esa ciudad que todos hubiésemos querido conocer en esos años. Por desgracia, la sucesión de guerras iniciada en 1936 borraría del mapa u obligaría a exiliarse a muchos de los protagonistas de esa edad de oro, quedando algunos países europeos convertidos en eriales culturales habitados por personas traumatizadas. Los que hoy día tenemos menos de sesenta años no tenemos ni idea de lo que fue aquello. Y aún nos quejamos de cómo vivimos hoy.

            En resumen: una excelente novela, aunque, para mi gusto, un poco recargada de reflexiones políticas. Muchas de sus claves se encuentran en la biografía del autor, de lectura también muy recomendable. Uno escribe para sacar lo que tiene dentro. 

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