sábado, 20 de mayo de 2017

Francisco Reyes Márquez, «Currito el pianista»

En diciembre de 1938 se fundó la Organización Nacional de Ciegos Españoles. De inmediato fue nombrado delegado en Osuna, con residencia, uno de los fundadores de “La Hispalense”, organización sevillana pro-ciegos absorbida por la recién creada ONCE. Se llamaba Rafael Reyes Delgado y era natural de Teba (Málaga). Ciego desde la infancia a causa del sarampión, había tenido la suerte de ingresar en un colegio especial donde había recibido una educación privilegiada para la época. De hecho, leía y escribía en Braille tanto documentos lingüísticos como partituras musicales, las cuales memorizaba repasando una y otra vez sus papeles perforados. En el mismo centro docente había adquirido conocimientos para ser intérprete y profesor de violín, guitarra, acordeón y piano, habilidades por las cuales, una vez en Osuna, fue nombrado organista titular de la Colegiata. Esta persona, de condiciones excepcionales, había contraído matrimonio y tenido seis hijos, el mayor de los cuales fue Francisco, «Currito el pianista» (Teba, 1916 – Barcelona, 1997). Llegado a Osuna con apenas veinte años, Francisco sería el principal heredero de las facultades y los conocimientos de su padre. En 1945 contrajo matrimonio con la ursaonense Rosario Muñoz Martín, unión de la que nacieron ocho hijos a los que sacar adelante. Para ello, Curro contó con la delegación de la ONCE –entonces en la calle Migolla, hoy Luis de Molina–, puesto heredado de su padre, y también, por supuesto, con sus conocimientos musicales, el apartado de sus actividades que más nos interesa aquí y ahora.
            Según puede leerse en las Actas Capitulares del Ayuntamiento de Osuna, el 14 de noviembre de 1947 se acuerda la creación de la Banda de Música Municipal, una de cuyas primeras imágenes puede ser la que acompaña este artículo. De ella entraron a formar parte por derecho propio tanto Curro como su hermano Antonio, los cuales aparecen en la parte superior izquierda de la fotografía. En realidad, la banda ya existía de antes, sólo que no tenía el carácter de municipal, algo por lo que Antonio Cuevas, su director, venía luchando desde hacía años, al menos desde 1932, según puede leerse en las Actas Capitulares correspondientes a la sesión del 4 de noviembre del último año citado.



Alrededor de 1950. Escalera del Instituto, hoy Universidad. 1.- Miembro de la familia Cuevas.
 2.- Francisco Cuevas. 3.- Arcadio Cuevas. 4.- Antonio Cuevas, director de la banda. 5.- Crujera. 
6.- Juan Manuel. 7.- ¿?. 8.- Pérez, procedía de la banda de Frasquito Caballero. 9.- Aurelio Bueno. 
10.- Manolo. 11.- ¿? 12.- Gordillito. 13.- Mozo de la banda. 14.- Miembro de la familia Cuevas, padre de 1. 
15.- Francisco Reyes Márquez. 16.- Antonio Reyes Márquez. 17.- José «Corino». 
18.- Muñoz, cohetero, padre de 25 y 27. 19.- ¿? 20.- ¿? 21.- «Mosquito». 
22.- ¿?, procedía de la banda de Frasquito Caballero. 23.- ¿? 
24.- ¿?, procedía de la banda de Frasquito Caballero. 25.- Muñoz. 26.- Hijo de 6. 27.- Muñoz. 


            Además de su puesto en la banda mencionada, Curro tenía a su cargo la interpretación de piezas religiosas durante los actos litúrgicos celebrados tanto en Consolación como en la Colegiata, templo en el que había ocupado el puesto de organista dejado por su padre. También era el responsable de la música durante la celebración de la Novena de Jesús, conjunto de actos de gran solemnidad en aquella época.
            Otra de sus actividades fue la creación de una orquestina para amenizar los bailes, formación que vemos representada en dos fotografías. En ella figuraban los hermanos Sánchez, Manuel y Juan, José «Corino» (el mismo que vimos formando parte de «The Ursus»), Cordero, Antonio Cuevas hijo, los hermanos Reyes, Curro y Antonio, y Pedrosa, el batería, el cual tuvo la mala suerte de quedar oculto en las fotografías de que disponemos. Su repertorio estaba formado por boleros, foxtrots, cha-cha-chas, rumbas, pasodobles, etc.


Finales de la década de los 50. Fiestas navideñas en un local de la Carrera. 
De izquierda a derecha: Francisco Reyes (acordeón), Manuel Sánchez (trompeta), Pedrosa (batería), 
Antonio Cuevas hijo (clarinete), ¿?, Cordero (vocalista) y Juan Sánchez (saxofón). 
Este día Antonio Reyes tenía guardia en la farmacia donde estaba empleado.

            Todos o parte de los miembros de esta orquestina acudían a formar parte del grupo que se improvisaba para acompañar a cantantes de más o menos categoría que actuaban en la localidad. Estos solían traer con ellos a un pianista y en unión de este pasaban ensayando sólo la tarde del día de la actuación, razón por la que se necesitaban músicos realmente profesionales. Así, pudieron acompañar por ejemplo a Lola Flores y a Manolo Caracol en una actuación en Osuna.


Primeros 60. Casino. Fiestas Navideñas. De izquierda a derecha: 
Manuel Sánchez (trompeta), Cordero (vocalista), Pedrosa (batería), Juan Sánchez (saxofón), 
Antonio Reyes (saxofón), Corino (saxofón), Francisco Reyes (piano).

            Curro también se dedicaba a la afinación, a la reparación, a la compraventa y al alquiler de pianos. En feria, por ejemplo, alquilaba tres de ellos, los cuales dejaba instalados y afinados en sus casetas respectivas. Hoy día, sobre todo a los más jóvenes, les debe costar trabajo imaginar cómo eran aquellas ferias, mucho menos igualitarias que estas, es cierto, pero también mucho menos ruidosas.
            La docencia musical fue otra de sus actividades. Entre sus alumnos merece mención especial el gran pianista ursaonense Pepe Romero, con el cual estuvo en contacto durante toda su vida, incluso cuando Curro, mujer e hijos emigraron a Barcelona en la segunda mitad de la década de los 60. Allí, a finales de los 70, tuvo la satisfacción de asistir a un concierto que Romero dio en el Círculo de Bellas Artes de Villafranca del Penedés en honor de Tarradellas, recién llegado del exilio y homenajeado de forma generosa por la sociedad catalana. Aquella noche, el célebre pianista flamenco, elogiado por intérpretes actuales como Chano Domínguez, cumplió con Tarradellas y su señora, a los que saludó después del concierto, y corrió a sentarse en la mesa de Curro y sus familiares, a los que siempre demostró un gran afecto.
            Otra de las facetas de Curro fue la de compositor. En la Sociedad General de Autores están registradas varias obras con su nombre, sobre todo boleros y pasodobles –entre estos últimos uno dedicado a Rafael Ortega y otro al colectivo de los camareros–, aunque también existen algunas composiciones aflamencadas, como ciertos fandanguillos compuestos quizá bajo la poderosa influencia de su antiguo y célebre alumno.
            En fin, esto es todo por hoy. Espero que estas pocas líneas hayan servido para despertar el interés por la figura de Francisco Reyes Márquez, el entrañable «Currito el pianista», una de las personas que hizo posible la pervivencia en Osuna de los conocimientos y las habilidades musicales. Sin ellas serían inimaginables las carreras de los jóvenes intérpretes actuales.  


            Mi más sincero agradecimiento a Eloísa Reyes Muñoz, Manuel Gonzalo Lafuente y Antonio Reyes Márquez, hija, yerno y hermano de Currito respectivamente. De las conversaciones mantenidas con ellos se ha obtenido el material base para redactar este humilde tributo a la memoria de uno de nuestros músicos olvidados.

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