martes, 23 de abril de 2019

La imbecilidad es cosa seria, de Maurizio Ferraris


M. Ferraris (eldiario.es)

            Ensayo breve y ameno, sobre todo para aquellos lectores familiarizados con el vocabulario propio de la filosofía. El resto también lo aprovechará pero tendrá que esforzarse un poco más. Maurizio Ferraris (Turín, 1956), eminente pensador, pone a nuestra disposición algunos razonamientos que quizá hayamos intuido alguna vez pero nunca hemos sido capaces de verbalizar. El primero, y fundamental, es que todos somos imbéciles. Hasta la persona dotada de mayor capacidad intelectual, aquel llamado genio, es imbécil. El genio y la imbecilidad, pues, son compatibles. Da ejemplos de razonamientos y pensamientos propios de imbéciles en obras de Baudelaire, Flaubert o Dostoievski y un larguísimo etcétera en el que incluye muchos de los filósofos más conocidos. Una de las verdades mayores que contiene el libro es la multiplicación exponencial de unos años a esta parte de la documentación de la imbecilidad. Me explico. Ferraris alude a imbecilidades localizables en las obras de todos esos genios de la cultura, escritas cuando aún escribir y publicar era cosa de unos pocos. ¿Qué pasa, entonces, hoy día, cuando cualquiera, yo mismo, puedo tener un blog, o un perfil en una red social, y escribir en ella lo que se me ocurra? Pues que las posibilidades de documentar la imbecilidad se vuelven casi infinitas. A colación de este razonamiento, de apariencia elitista pero tan cierto como que usted me está leyendo ahora mismo, Ferraris aduce aquellas declaraciones realizadas por Umberto Eco (1932-2016) en junio de 2015 que tanto revuelo levantaron en la web, precisamente el lugar de la bestia, del gólem:

«Los medios de comunicación de masas dan la palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban únicamente en el bar tras un vaso de vino, sin perjuicio para la colectividad. Rápidamente se les hacía callar, mientras que hoy tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles». (Pág. 111; nota 1 de «Imbecilidad de las masas»).


El texto en la lengua original, que he localizado en datamediahub.it/2015/06/12/video-integrale-umberto-eco-internet-social-media-e-giornalismo/#ixzz5lwJ4IraG, sería:

«I social media danno diritto di parola a legioni di imbecilli che prima parlavano solo al bar dopo un bicchiere di vino, senza danneggiare la collettività. Venivano subito messi a tacere, mentre ora hanno lo stesso diritto di parola di un Premio Nobel. È l’invasione degli imbecilli».

            Me temo que es una reflexión muy acertada. Todos nos lanzamos a comentar lo que publican los demás como si estuviésemos en posesión de la verdad, y mientras más imbéciles somos más razón creemos tener. Los ejemplos son abrumadores, basta con mirar por encima el contenido de cualquier red social. En palabras de Ferraris,

«el hombre nace esclavo, débil, insuficiente y dependiente. En resumen, nace imbécil. Puede no ser agradable, pero la imbecilidad masiva, la estupidez hiperdocumentada, es ya un fenómeno reconocido, y en el fondo la primera revelación de nuestra época». (Pág. 34)

Y un poco antes:

«La imbecilidad es lo propio de la modernidad porque con las potencialidades expresivas que ofrece el mundo actual se pone más fácilmente de manifiesto que en cualquier otra época más recogida y silenciosa». (Pág. 31)

 Parece que debemos reflexionar. Vamos hacia la imbecilidad absoluta.



Maurizio Ferraris, La imbecilidad es cosa seria, Madrid, Alianza Editorial, 2017. Traducción de Marco Aurelio Galmarini. (L’imbecillità è una cosa seria, 2016).

lunes, 22 de abril de 2019

La paleta



Coímbra, 2015. Foto: V. Espuny


La paleta está salpicada de explosiones de color primero independientes, luego ligadas. La familia de los rosas se deja cortejar por los salmón, los albero, los grises, los rojo teja. El blanco de los marcos de las ventanas esparce estabilidad por una composición inquieta. Líneas rectas, cubos, sugieren una agrupación de cuerpos geométricos próximos y bien avenidos. Desde una ventana, una joven de ojos brillantes mira el Mondego encantado. Y sueña. En la Quinta das Lágrimas, del otro lado del río, una sombra cruel asesina a Inés de Castro.  

domingo, 21 de abril de 2019

De paso


Évora, 2015. Foto: V. Espuny

            Y quedarán huellas de nuestro paso por el mundo. Quedarán hijos si los tuvimos y nos sobrevivieron, quedarán los libros que escribimos, los árboles que plantamos, aunque nuestro recuerdo se pierda en dos generaciones. En una. Nadie vendrá a visitar nuestra tumba, nuestras cenizas se perderán diluidas en los ríos. Abonarán plantas, alimentarán animales, acabarán en el organismo de los coetáneos de nuestros descendientes si los tuvimos y nos sobrevivieron, alimentados por nosotros mismos. Nuestros huesos, si se conservaron, servirán para construir capillas en húmedas ciudades portuguesas. Nadie sabrá quiénes fuimos.

sábado, 20 de abril de 2019

La paradoja de la historia, de Nicola Chiaromonte


Imagen de azquotes.com

            Nicola Chiaromonte (1905-1972), pensador italiano, fue dueño de una mente privilegiada: crítica, analítica y poseedora de una admirable capacidad de memoria y relación. No sé de dónde fue profesor, si lo fue, ni qué otras obras dejó escritas. Tampoco creo que eso sea ahora importante. Su ideología era profundamente socialista.
            La paradoja de la historia es un ensayo inspirado por una idea bondadosa: intentar alumbrar el camino del hombre, que se mueve en tinieblas. El hombre está falto de fe en una creencia sólida desde el inicio de la Primera Guerra Mundial, desastre que supuso la pérdida de la fe en la Dios —está ya venía de antes— y la pérdida de la fe en el hombre mismo, en su progreso, que había venido a sustituir a la fe anterior. De esa forma se abre paso el nihilismo, la creencia en la no creencia, la desorientación más absoluta. Los medios de comunicación de masas ayudan a la difusión de las «mentiras útiles», necesarias en la retaguardia y en los frentes para mantener una sociedad proyectada hacia la consecución de la victoria. Tras la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, los fascismos y la Segunda Guerra Mundial —el proceso es largo pero el inicio del fin está marcado por el atentado de Sarajevo en el verano de 1914— ya no es posible ningún tipo de credo. El hombre ha sustituido todas las creencias anteriores por una fe ciega en la bondad de la posesión de bienes materiales, en el valor de lo novedoso y en la necesidad del progreso tecnológico, acelerando cada vez más un proceso de autodestrucción ya imparable. Que esto lo escriba alguien en 2019, cuando las señales son visibles hasta para el más necio, resulta esperable. Chiaromonte supo verlo mucho antes.
            El texto resulta muy atractivo y efectivo en su intención comunicativa porque apoya su razonamiento en el análisis y comparación de varias obras ya clásicas de la literatura de los últimos doscientos años. Principalmente se basa en obras de Stendhal, Tolstoi, Martin du Gard, Malraux y Boris Pasternak, autores a los que Chiaromonte admira. Tenía una gran confianza en la utilidad de la ficción como ilustradora de las experiencias individuales, idea que aparece reflejada en la página 9 y en la ilustración que acompaña esta reseña. La paradoja de la historia puede ser considerado una antología de los mejores momentos del pensamiento contemporáneo occidental. Uno nunca volverá a ver la historiografía clásica cómo la veía antes de su lectura. Puede empezar a considerarla, aviso, como algo en realidad vacuo, inexistente por la radical imposibilidad de conocer todos los procesos vitales. La historia de los grandes nombres y las grandes batallas es solo una pequeña muestra de lo acontecido. La historia real, integral, abarcadora, no existe ni existirá nunca: es imposible. Chiaromonte no se refiere a la historia de las personas humildes, anónimas y por tanto imposibles de mencionar, que también, sino a la falsedad inherente al uso de un solo punto de vista en el relato. La paradoja de la historia, tan lúcida, es también profundamente pesimista, al menos ese es el sabor de boca que me ha dejado. No todo ha a ser una comedia.

Nicola Chiaromonte, La paradoja de la historia, Cinco lecturas sobre el progreso: de Stendhal a Pasternak, Barcelona, Acantilado, 2018. Traducción de Eduardo Gil Bera.